Por Helena Arriaga
¡Hay que fomentar la cultura! he escuchado muchísimas veces, sin embargo creo que la concepción que tenemos de cultura se encuentra bastante distorsionada. Hemos vivido engañados creyendo que hablar de cultura es lo mismo que hablar de “arte”, cuando en realidad hablar de cultura es hablar de nosotros.
La cultura no se encuentra en un recito donde se exponen bellas pinturas, tampoco la encontraremos en el cine y mucho menos en el teatro. La cultura se encuentra en la calle, en nuestras casas. Y es por eso que me atrevo decir que México entre tantas cualidades tiene la desventaja de tener una cultura machista.
No quiero sonar drástica diciendo esto, pues al igual que muchos creía que el machismo había sido erradicado y lo único que quedaba de él eran las películas de Pedro Infante, pero hace un par de días descubrí que el hecho de existan mujeres que son abogadas doctora e incluso taxistas no implica la extinción de un ideología tan desdeñosa.
Hace un par de años tenía una relación con un chico cuyo nombre prefiero no mencionar y simultáneamente comencé a salir con alguien más, sólo como amigos. Jamás hubo nada entre ese amigo y yo, pero él me comenzó a atraer físicamente y yo se lo comente a un “amiga” la cual tuvo la sutileza de decirme que era una zorra.
En ese momento descubrí que ese esteriotipo de zorra o puta que había sido impuesto por los hombres para denigrar a las mujeres había sido adoptado por éstas mismas para insultarse entre sí. A pesar de esta reflexión, en el momento no le tomé mayor importancia al comentario y aplique el dicho “las cosas tómalas de quien viene”.
Hace unos días mi amigo, que por cierto tiene novia, me comento que había salido con una chica que era de Checoslovaquia y se había besado con ella, curiosamente agregó que todos sus amigos lo habían felicitado pero se sentían decepcionados de que no hubiera cogido con ella.
El contraste entre estás anecdotas demuestra que una mujer con más de una pareja es catalogada como puta -ya que se le sigue viendo como una propiedad, y no puede haber más de un dueño para ésta- ,y y un hombre con más de una pareja es un chingón -puesto que al ser el ducño tiene la capacidad de tener varias propiedades.Claro está que el machimo va más allá, es cierto que la mujer hoy día tiene la oportunidad de trabajar en una oficina, pero eso no la deslinda de sus responsabilidades de ama de casa.Porque aún en pleno siglo XXI la mujer tiene que cuidar a los hijos, limpiar la casa, cocinar, esperar a que su marido llegue; la única diferencia es que en ese afan de "igualdad" lo que se ha conseguido es que la mujer también tenga que contribuir con los gastos de la casa.
